Atención de enfermería


Atención domiciliaria
La oferta de servicios de atención de enfermería debe ajustarse a las necesidades reales de la población y hay que gestionar la atención en domicilio en sintonía con el resto de las actividades. Es importante realizar esta actividad de forma organizada y estructurada mediante la utilización de un programa específico con objetivos, metodología y evaluación periódica determinados. La enfermera ha de planificar el plan de cuidados que requiere el paciente y ha de participar en el abordaje multidisci­plinar de sus problemas de salud, con especial énfasis en la valoración y atención del cuidador princi­pal. La enfermera debe ser la principal proveedora de esos servicios, en estrecha colaboración con médicos y trabajadores sociales.

Aunque, en principio, se consideró que la población susceptible de recibir atención a domici­lio era, básicamente, a los pacientes con incapacidad (sobre todo ancianos), hay que contemplar la po­sibilidad de aumentar la oferta de atención domiciliaria a otros grupos de usuarios, como, por ejemplo ancianos de riesgo (con criterios de fragilidad), puérperas y recién nacidos o pacientes posquirúrgicos con un determinado perfil (hospitalización a domicilio).

 Actividades dirigidas a la comunidad:

Incluirían todas aquellas actividades dirigidas al conjunto de la comunidad y no al individuo en sí. Tienen como objetivo la mejora de la salud colectiva. Debe considerarse también la comunidad como uno de los principales recursos para promover la salud.

Es una de las actividades actualmente menos desarrolladas y en las que disponemos de me­nor experiencia, pero con muchas potencialidades.

La atención comunitaria se basa en el trabajo con la comunidad dirigido a la atención de gru­pos de población. Sus intervenciones se centran en la educación sanitaria, la promoción de la salud, la vigilancia del medio y la participación de la comunidad.

Algunos grupos a los que pueden ir dirigidos las intervenciones de enfermería en la comuni­dad podrían ser los siguientes: salud escolar, adolescentes, ancianos, grupos con determinadas patolo­gías, factores de riesgo o situaciones de salud (determinadas patologías crónicas, campañas de vacunación, cuidadores, etc.) o dirigidos a la comunidad en su conjunto, mediante educación para la salud a través de los medios de comunicación.

Actividades terapéuticas y procedimientos diagnósticos
Otro bloque de actividades a desarrollar en la consulta de enfermería es el denominado «técnicas y procedimientos de enfermería». Antes de la reforma de la Atención Primaria, esta actividad, constituía gran parte de la actividad de enfermería. Actualmente, representa un volumen asistencial mucho menor, porque, entre otros aspectos, se ha dotado a las consultas de enfermería de otros mu­chos contenidos.

La prestación de esas actividades dentro de los EAP debe realizarse de forma fluida entre el profesional que la solicita y el que las ejecuta. Algunos centros, para facilitar que el flujo de pacientes entre unos y otros se realizara de forma ágil y fácilmente accesible, han organizado este tipo de tareas de forma centralizada; o bien, utilizan la denominada consulta de apoyo, es decir, una consulta que re­coge a todos los pacientes que, derivados de las consultas médicas, precisan la aplicación de alguna técnica o procedimiento diagnóstico. Cualquier opción es válida siempre que se garantice la comunica­ción fluida entre médicos y enfermeras y que permita que no se generen demoras, ni repetición de vi­sitas por una organización no adaptada a las necesidades de los usuarios.

Atención a los procesos agudos:  Otro bloque de actividades a desarrollar sería el papel de las enfermeras en relación con la patología aguda. En la mayoría de las ocasiones se ha asociado este papel únicamente a problemas en los que la enfermera participaba casi exclusivamente mediante la aplicación de tratamientos y técni­cas indicados por el médico. En cambio, se ha podido comprobar en diversos estudios (Horrocks, 2002; Salisbury, 2002; Laurant, 2006) que las enfermeras pueden tener un papel fundamental en el abordaje de la patología aguda. Algunos argumentan que esos resultados no pueden extrapolarse a nuestro medio, ya que la situación, en la mayoría de los países donde se han realizado los estudios, es distinta de la realidad de nuestro país (formación, competencias, capacidad legal, etc.). Sin embar­go, debemos tener presente que el nivel de formación de las enfermeras españolas está bien conside­rado profesionalmente en sistemas sanitarios como el National Health Service y otros de nuestro entorno.

Existen experiencias aisladas en nuestro medio que han iniciado el camino que deben explo­rar las enfermeras en esta línea. También cabe mencionar la iniciativa del Institut Català de la Salut en relación con el Pla d’Hivern (Institut Català de la Salut, 2005) en donde se hace referencia al papel de la enfermera en relación con el abordaje de pacientes con gripe o catarro de vías altas, mediante la apli­cación de un protocolo.

La propuesta de implicación de la enfermera en patología aguda no nace con el objetivo final de disminuir la carga asistencial de los médicos, un argumento que podría ser simplista, sino que de­bería considerarse como un medio para:

Mejorar la eficiencia del sistema mediante el desarrollo de la mejor potencialidad de cada profesional.
Llegar a un perfil de usuarios que, normalmente, no utiliza los servicios de enfermería y que los desconoce, de manera que un mayor número de personas puedan enriquecerse de la aportación de las enfermeras.
Dar a conocer estos servicios y la oferta de cuidados de enfermería.
Aumentar la cobertura de actividades preventivas.
Captar pacientes para otros programas de salud.

Trabajar en esta línea no tiene por qué implicar un descuido del papel propio de la enfermera, todo lo contrario, porque si la población conoce el denominado «producto enfermero», aumentará su demanda y más usuarios se beneficiarán de la visión enfermera. Por lo que respecta a la salud, si los resultados son similares a los de los médicos, aumenta la resolutividad por parte de las enfermeras, lo que resulta eficiente para un sistema de salud con recursos limitados y una demanda creciente.
No cabe duda de que para desarrollar al máximo este tipo de actividades hay que solucionar las limitaciones legales que nos impiden avanzar en esa línea. Una de las dificultades con las que nos topamos es que en España las enfermeras no tienen capacidad legal para el diagnóstico de enfermedades ni para la prescripción de fármacos. Una solución provisional podría ser la protocolización adecuada de los procesos.
La inclusión de este tipo de actividades dentro de la consulta de enfermería debe realizarse de forma gradual para irnos ganando la confianza de los usuarios en la resolución de determinados motivos de consulta. Esa confianza requerirá de un tiempo de adaptación. Hay que comenzar de menor a mayor complejidad para ganarse la confianza del usuario y que sepan que las enfermeras pueden ofrecerles ese tipo de servicio. El cambio es lento, gradual y costoso, pero, con el tiempo, puede llegar a ser duradero y a cumplir las expectativas de todos los implicados.
Otra dificultad que puede plantearse es que la inclusión de tales actividades implicará un cambio en la dinámica de trabajo y en las necesidades de formación específica que, en principio, no será muy difícil de adquirir.
El lector no debe quedarse en la anécdota de que las enfermeras, de una manera más o menos regularizada, pueden resolver determinadas patologías agudas. Por si quedara alguna duda, una conclusión que puede extraerse de todo lo anteriormente expuesto, es que las enfermeras de Atención Primaria tienen un margen muy amplio de posibilidades en relación con la asunción de responsabilidades y actividades; la implicación en patología aguda es una más de las muchísimas posibilidades y se puede ser eficiente sin contemplar esa actividad. Simplemente se pretende plantear una línea de trabajo que todavía está en fases muy incipientes de su desarrollo en nuestro medio.

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Categoría: Enfermería.




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