Cómo se desarrolla el sueño durante la infancia


Los gráficos tomados a recién nacidos en el laboratorio del sueño tienen un aspecto muy distinto de los tomados a adultos. En el segundo y tercer mes de vida, el EEG empieza a mostrar algunas de las ondas que resultan típicas del sueño profundo más ligero de los mayores; otras no acostumbran a aparecer antes de los seis meses. En realidad, aún se desconoce el significado de estas diferentes ondas y su función.
Los bebés tienen el sueño más ligero. Cuando un recién nacido se duerme, cae primero en un ligero sueño onírico. Hasta los tres meses el bebé no empieza a dormir el sueño profundo, que, a partir de entonces, será habitual. El sueño profundo, pues, necesita más tiempo para desarrollarse que el onírico. En el sexto o séptimo mes de embarazo el feto ya desarrolla el Sueño REM; en cambio, no experimenta el sueño profundo hasta los siete u ocho meses. Los recién nacidos tienen un sueño bastante ligero. El sueño profundo auténtico, con sus cuatro fases completas, no se desarrolla hasta después de transcurrido el primer medio año de vida.
En los niños pequeños el sueño profundo es especialmente intenso. En el laboratorio del sueño resulta casi imposible despertarlos durante la cuarta etapa del sueño profundo. Es algo que pueden experimentar los mismos padres, por ejemplo, cuando sacan al niño dormido del coche y ven que no se da cuenta absolutamente de nada.
Los bebés tienen ciclos de sueño más cortos. Los bebés duermen el doble de tiempo de sueño ligero y experimentan ciclos
que se repiten a menudo. En los adultos, la duración media de una fase de sueño es de 90 minutos; la de los bebés, sólo de 50.
El breve estado de duermevela entre los ciclos de sueño aparece casi con el doble de frecuencia en bebés y niños pequeños que en sus padres. Por esa razón, los primeros se despiertan más a menudo.

Los bebés sueñan más.

Mediante las corrientes cerebrales, los investigadores del sueño pueden reconocer que los bebés sueñan ¡incluso en el seno materno! Y lo que aún resulta más sorprendente es que los recién nacidos dedican a los sueños la mitad de las horas que duermen. Los niños prematuros incluso más; casi un 80% del tiempo que duermen. Es fácil saber cuándo sueña un bebé: respira con irregularidad, contrae de vez en cuando ligeramente las manos y mueve los ojos con rapidez de un lado a otro bajo los párpados. A veces aparece una sonrisa en su cara o fuerza un poquito la boca, como si estuviera a punto de llorar.
Por el contrario, durante el sueño profundo, el bebé respira profunda y tranquilamente, sus ojos no se mueven y se mantiene bastante quieto.
Se sabe que durante el sueño profundo todas las células del cuerpo reponen fuerzas y se regeneran. Por esta razón, parece evidente que, al crecer, no sean convenientes más horas de sueño profundo. Pero, ¿por qué precisamente al principio de la vida, incluso ya en el seno materno, es cuando más soñamos? Las respuestas a tal pregunta no pueden ser, de momento, más que especulación
Se supone que los sueños se tejen con el material obtenido de experiencias pasadas, pero, si consideramos que un recién nacido es una película en blanco, nos debemos preguntar con qué pueden soñar un feto o un bebé. También existe la posibilidad de que la práctica prematura del sueño sirva para la maduración del cerebro o, quizá, sea beficiosa para el desarrollo general del ser humano.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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