El sueño profundo


El sueño profundo es el que mejor refleja la idea de lo que es el sueño. En realidad, sería mejor llamarlo «sueño sosegado», pues en ningún caso se trata de sueño profundo continuo. Abarca des­de la primera y ligera cabezada, de la cual es muy fácil despertarse, hasta el estado de sueño profundo, del cual es difícil salir. Al despertarnos de él, nos encontramos desorientados y atontados du­rante unos minutos. Los investigadores del sueño reconocieron en el sueño profundo cuatro etapas de progresiva profundidad.
En el momento de dormimos, nos sumimos primero en una especie de sueño profundo, durante el cual desaparece la percepción del mundo exterior. Mientras la musculatura se relaja poco a poco, hay partes del cuerpo que se sobresaltan, a menudo involuntariamente. En el laboratorio del sueño, el EEG —el electroencefalograma, que mide y dibuja la actividad cerebral— muestra cómo las ondas Alfa, rápidas y cortas, del estado de vigilia se transforman en ondas algo más regulares. Tal es la evolución de las dos primeras etapas del sueño profundo; en realidad, aún se trata de un sueño ligero del cual despertamos por completo en pocos minutos.
Hasta la tercera y cuarta etapa, el sueño no es realmente profundo. Las corrientes cerebrales muestran entonces sólo ondas muy amplias, las llamadas ondas Delta. El latido del corazón y la respiración han tomado un ritmo regular y estable. La musculatura se ha relajado, ya que el cerebro no envía ningún mensaje al cuerpo. Durante el sueño profundo no sólo se relaja el cuerpo, sino también la mente.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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