La importancia de soñar


Cada uno o dos ciclos de sueño profundo, la respiración y el pulso se vuelven de repente irregulares. El corazón late de nuevo con fuerza, los valores hormonales y la función renal cambian, aumenta el consumo de oxígeno, el cerebro se activa de nuevo y necesita más riego sanguíneo. Durante el sueño onírico las ondas cerebrales aparecen como una mezcla de ondas Alfa —propias de cuando estamos despiertos— y de ondas más regulares, propias de la primera etapa del sueño profundo. En estas fases del sueño, pues, el cerebro no se relaja, pero tampoco reacciona ante las se­ñales del mundo exterior, con excepción de las señales de alarma. En su lugar, recibe impulsos del interior. Son las partes evolutivamente más viejas y primigenias del cerebro las que estimulan las capas jóvenes y superiores del mismo. Durante el sueño oní­rico, el cerebro emite, incluso, señales de movimiento.

Sin embargo, el cuerpo se mantiene en calma: los impulsos nerviosos se bloquean en la columna vertebral. Gran parte del cuerpo está como paralizado. A lo sumo, aparecen pequeñas con­vulsiones en las manos y piernas, o en la cara.

Exceptuando este bloqueo, son los grupos de músculos los que controlan el movimiento de los ojos, la respiración y el oído. No siempre nos despiertan los ruidos que oímos; a menudo los inte­gramos en nuestros sueños. Durante estas fases, los ojos se mueven con rapidez arriba y abajo; por esta razón el sueño onírico se llama, en lenguaje especializado, Sueño REM (REM: Rapid Eye Movements). Por su parte, el sueño profundo se llama sen­cillamente Sueño No REM.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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