Los ciclos del sueño


Los adultos sólo alcanzan el sueño profundo durante un par de horas después de dormirse y, más tarde, al amanecer. La mayor parte de la noche la pasan en estado de sueño profundo más ligero, alternado con el sueño onírico. Mientras que en las distintas fases del sueño nos resulta a veces fácil y a veces difícil despertar, en el transcurso de la noche hay un par de momentos en los cuales nuestros sentidos están prácticamente despiertos. En esos momentos, nos damos la vuelta en la cama y nos volvemos a dormir enseguida.

Por lo general, a la mañana siguiente, ni nos acordamos. La conciencia cumple la función de comprobar que todo está en orden, cuando parte de ella emerge de nuevo por un segundo a la superficie, entre ciclo y ciclo de sueño. Aunque al hacerlo no  nos despertemos por completo, todos nuestros sentidos recuperan sus funciones, y salen del embotamiento del sueño para controlar si podemos continuar durmiendo sin molestias y sin peligro.

Lo normal es que todo esté en orden y caigamos de nuevo en un sueño profundo. Sólo en el caso de que algo no esté como estaba antes de dormirnos, el subconsciente nos avisa y nos despertamos completamente. Por ejemplo, si se ha caído la manta de la cama y ha descendido la temperatura corporal nos despertamos del todo, nos tapamos y enseguida nos dormimos de nuevo.

 Las pausas del sueño salvan la vida.

Durante el sueño pro­fundo nuestro cerebro está desconectado; durante el sueño onírico, aunque el cerebro se halla activo, el cuerpo está como paralizado. Así pues, es importante que haya breves momentos de duermevela, en los cuales tanto el cerebro como el cuerpo estén potencialmente a punto para funcionar. Durante estos segundos nuestra conciencia detectará cualquier posible peligro —el humo de un incendio en la casa, por ejem­plo, o ruidos amenazadores— y tanto nuestra mente como nuestro cuerpo podrán reaccionar de modo conveniente.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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