Organizar los horarios de su bébe para un mejor sueño


Mientras el niño se va acostumbrando al horario fijo, es conveniente despertarlo siempre con puntualidad. Muy pronto habrá asimilado el ritmo y se despertará solo. Usted le ayudará a conseguirlo si al organizar la rutina cotidiana lo alimenta siempre en el mismo sitio.
A la larga, es muy difícil evitar de vez en cuando excepciones en el ritmo fijado. Pero tenga en cuenta que cuanto más acostumbrado esté el bebé al horario, más fácil le será volver a él si alguna vez lo tiene que romper. Por esa razón, durante las dos o tres primeras semanas, conviene no salir demasiado de casa.
Lo que le resultará tal vez más difícil es acostumbrarse al reducido tiempo que el nuevo esquema habrá dejado para usted. Los paseos, las compras —todas aquellas actividades en el transcurso de la cuales el niño dormía antes de producirse el cambio— sólo podrá hacerlas si el bebé está despierto y no tiene sueño. En caso contrario, provocaría un auténtico caos en el ritmo del bebé.

Visto desde un punto de vista positivo, nos daremos cuenta de que, de esta forma, el bebé pronto dormirá a horas fijas. Muchos bebés incluso empiezan a dormir más horas tan pronto como han asimilado el nuevo ritmo.
Cuando el niño ha asumido el horario del dia, es decir, al cabo de unas tres semanas, ya no representará ningún problema tener que hacer una excepción. Ni siquiera si durante un viaje de fin de semana el orden se quiebra por completo. El bebé volverá al ritmo acostumbrado al cabo de pocos días. Lo mismo puede decirse cuando los cambios se producen a causa de una enfermedad del niño o al salirle los dientes.
Si hay un hermano mayor que sólo hace una siesta durante el día, lo mejor es que la termine a la misma hora que una de las del bebé. Así podrá usted aprovechar mejor el tiempo. Si su hijo mayor estuviera en una edad en la que ya no duerme durante el día, debe conseguir que respete una hora de silencio mientras el pequeño duerme.
A partir del noveno mes, los bebés desarrollan La capacidad de rebelarse contra el sueño. En estos casos, no se duermen enseguida, aunque tengan sueño, sino que retrasan considerablemente la hora de dormirse hasta que, en un momento dado, están muertos de cansancio y se muestran en extremo irritables.
En este caso, puede seguir algunas reglas que, tomadas a tiempo, resultan muy efectivas:

Evite que vengan otros niños antes de las tres de la tarde.
Cuelgue un cartelito en la puerta donde diga «Por favor, silencio, bebé durmiendo».
Conecte el contestador automático para que no suene el teléfono.
Si usted comparte este tiempo con su hijo mayor pronto esperará con ilusión esa hora diaria.

Cómo cambia poco a poco el ritmo
Mes a mes cambia ligeramente la necesidad de sueño del bebé. a los nueve meses, los bebés duermen casi tanto como a los seis, pero la siesta de la mañana se ha reducido en beneficio de las horas de sueño nocturno. La siesta de la mañana variará poco en los meses siguientes.
En los niños de un año también es más corta la siesta de la tarde, mientras que se alargan las horas del reposo nocturno. La necesidad de sueño equivale, como promedio, a media hora menos al año que a los seis meses. El ritmo de su bebé se adaptará fácilmente al cambio.
Si el bebé se acostumbra a hacer sólo una siesta se dará cuenta de que por la mañana no tiene sueño. Continuará jugando en vez de dormir. Ocurre normalmente en algún momento entre el año y el año y medio. Las madres que ya tienen un hijo mayor esperan con ilusión este cambio, pues, a partir de entonces, resulta mucho más sencillo que los dos niños duerman a la vez.
Si se da ese caso, puede intentar que a los nueve o diez meses el bebé se acostumbre a hacer solamente una siesta.
Acueste a su hijo entre una y dos horas más tarde y deje que duerma tanto como quiera. De esta manera, le resultará más fácil evitar que duerma por la tarde. No necesita ser muy estricta. Al principio es posible que unos días duerma una siesta y otros no.

A los nueve meses, los horarios en que el bebé debe dormir pueden ser:
• Reposo nocturno: de las 20:30 a las 8:15.
• Siesta de la mañana: de las 11:00 a las 11:45.
• Siesta de la tarde: de las 14:30 a las 16:00. Al año:
• Reposo nocturno: de las 20:30 a las 8:30.
• Siesta de la mañana: de las 11:00 a las 11:45.
• Siesta de la tarde: de las 15:00 a las 16:00.

• Con el tiempo, la siesta se puede trasladar a la tarde. Dependerá de las necesidades de la familia. Cuanto mayor sea su hijo, más fácil le resultará adaptarse a cualquier cambio.
• Muchos padres organizan el horario cotidiano de sus hijos de manera que no se duerman hasta las 21:00 o las 21:30, según la hora en que el padre o los padres lleguen a casa del trabajo. El lapso entre las 19:00 y las 21:00 puede ser el más importante para la vida familiar. En este caso, debe tener en cuenta que el niño se acostumbra a dormir la siesta vespertina bastante tarde. Seguramente, entonces será más larga y, en cambio, el reposo nocturno más corto de lo normal.
• En algún momento, el niño deja de dormir la siesta. Acostumbra a ser al tercer o cuarto año de vida. Si su hijo de tres años no quiere irse a la cama por la noche a una hora prudente y no se duerme antes de las 21:00, es una señal de que ya no necesita la siesta.
• Si usted prefiere que se vaya a dormir una hora antes, haga desaparecer la siesta. No es una rareza que quiera usted sentarse en el sofá y leer un libro o tener una hora de tranquilidad para escuchar música, en vez de esforzarse por estar medio dormida al lado.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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