Sueños y fantasmas atemorizantes en los niños


Un niño que se despierta asustado a causa de sueños atemorizantes lo exterioriza en su comportamiento. También los niños que siempre se comportan «valerosamente» y no le tienen miedo a nada se despiertan alguna vez a causa de una pesadilla. Por el contrario, es posible que los niños que se duermen asustados por monstruos y animales enormes no sufran pesadillas de noche. Pero casi todos los niños han vivido ambas experiencias.

Estas experiencias son normales y, además, forman parte del desarrollo del niño. Aparecen generalmente en la etapa de parvulario, que es cuando el niño avanza a pasos agigantados en su autonomía. Para alcanzarla, se mueve en niveles muy distintos. Tanto el propio desarrollo corporal y mental como el contacto intensivo con el entorno forman parte de este proceso. El niño empieza a conocer mucha más gente que antes e inicia nuevas relaciones. Se enfrenta a nuevas expectativas y descubre distintas capacidades. Así que no es nada raro que en su mundo cargado de fantasías —cuyos límites se amplían a diario—, también acumule impresiones que al principio le asustan. Las pesadillas son, como todos los sueños, una posibilidad ofrecida a la mente, que está madurando, de aceptar experiencias más o menos terroríficas, a las cuales se enfrenta involuntariamente.
Las llamadas experiencias de parasomnia —terrores nocturnos y sonambulismo— también forman parte de esta fase evolutiva de muchos niños. Aunque en apariencia se parezcan, no tienen nada que ver con los sueños.
Cuando se miden en el laboratorio del sueño las corrientes cerebrales de un niño, el gráfico señala exactamente lo que está ocurriendo mientras éste tiene una experiencia de parasomnia: surge de las capas más profundas del sueño profundo y llega, por un momento, a un estado donde las ondas cerebrales típicas del sueño profundo, el sueño onírico y el estado de vigilia se mezclan por completo. Lo normal es que el niño caiga un par de segundos más tarde de nuevo en el sueño profundo. Durante las primeras tres o cuatro horas después de dormirse aparece, entre una y dos veces, esta especie de duermevela. Cada una de ellas dura solamente un instante. En una experiencia de parasomnia, el niño no se duerme enseguida otra vez, sino que continúa más tiempo de lo normal en este estado donde se mezclan sueño profundo, sueño onírico y estado de vigilia. Hasta ahora no se han encontrado razones físicas que expliquen el fenómeno; tampoco corresponden a un carácter especialmente miedoso ni a otros comportamientos raros o problemas graves de cualquier tipo. La única explicación científica hace referencia a la madurez incompleta del cerebro. Hasta el final de la pubertad el cerebro continúa inmaduro.

Los expertos recomiendan que en caso de parasomnia no se interrogue al niño a la mañana siguiente; es mejor no hacer ninguna referencia a lo ocurrido, de lo contrario, el niño tendría la desagradable sensación de no ser del todo normal, pues no recuerda nada en absoluto. En ningún caso se le está ayudando.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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