Terrores nocturnos en los niños


Cuando el niño sufre los llamados terrores nocturnos en vez de pesadillas, la criatura no se despierta de una fase de sueño onírico. En realidad, está en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño profundo. La singularidad de su conducta tampoco la origina un problema corporal o psíquico. Aunque los terrores nocturnos son una experiencia perturbadora, no hay razón alguna para preocuparse.
El niño despierta a sus padres con gritos estridentes: está sentado o de pie en la cuna, con los ojos muy abiertos. Respira jadeante, su corazón late con fuerza y llega a sudar. Actúa como si acabara de tener un sueño terrorífico. Pero mientras los padres intentan tranquilizarlo, se dan cuenta con gran decepción de que el niño no los ve ni los oye. Aunque los esté reclamando a gritos, no es consciente de que están allí ni de su propio entorno, ni siquiera si lo La razón: el niño no está realmente despierto sino que duerme con los ojos abiertos. Cuando los padres consiguen despertarlo de verdad se calma enseguida, se sorprende de las caras asustadas de los padres y no se puede acordar de nada en absoluto.En realidad, es mejor no despertar a su hijo mientras no sea necesario. Este estado rara vez dura más de unos pocos minutos. Después el niño se relaja, se tumba en la cama y sigue durmiendo tranquilamente.En el caso de que lo hayan despertado, estará intranquilo por la reacción de los padres, y no podrá dormirse de nuevo con tanta facilidad. Incluso se preocupará, pues tendrá la sensación de que le sucede algo realmente. Pero no es ése el caso.

Es mejor observar al niño solamente por precaución, para que no se haga daño. Los niños que se encuentran en ese estado a veces golpean y dan patadas a su alrededor o bien hacen como si fueran a volar. Si se los toma en brazos se resisten, en vez de dejarse consolar. Tan pronto como se haya tranquilizado sin su ayuda, puede usted acostarlo y taparlo bien.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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