Factores que afectan el clima familiar y disminuyen la autoestima de los niños.


Se han descrito otros factores estresantes ligados al contexto familiar, que afectan el clima familiar y disminuyen en forma significativa la autoestima de los niños. Los más significativos son:

Conflictos entre los padres respecto a la educación del niño

Ciertamente que el hecho innegable que ambos padres provienen de familias diferentes, y por lo tanto sus patrones de socialización son distintos, hace posible que tengan miradas muy diferentes. Los padres pueden discrepar acerca de cómo es necesario educar a los hijos y acerca de cuál es el rol que le compete a cada uno en la educación. Las diferencias constituyen un fenómeno normal, pero en las familias disfuncionales, estas pueden ser excesivas y generar mucha tensión, especialmente por la forma en que se enfrentan. Las peleas entre los padres afectan necesariamente al hijo o la hija, y ello se agrava si sienten que son la causa de la pelea.

Marisol, de 12 años, recuerda que desde muy pequeña sintió que sus padres discutían por su culpa. Su papá era una persona muy estricta con los permisos, los horarios y el cumplimiento de las normas en general. Su mamá por su parte, era más permisiva, intentaba interceder a veces para que le levantaran un castigo o le dieran un permiso, lo que en muchas ocasiones terminaba en una pelea violenta. Cuando finalmente, por motivos que no tuvieron que ver con estas peleas, sus padres se separaron, Marisol sintió que la causante de la separación era ella.

Expectativas que el niño no logra cumplir

Los padres esperan y desean en general que sus hijos logren un excelente desempeño y suelen ponerles bastante presión para lograr determinados objetivos. Cuando el niño no logra cumplir con las demandas de los padres por diferentes razones, debe enfrentarse no solo al hecho de que no le fue tan bien como quisiera, sino que se agrega como elemento adicional la sensación de haber desilusionado a sus padres.

Factores que afectan el clima familiar y disminuyen la autoestima de los niños. Psicología y Psiquiatría

José Manuel, un adolescente de 14 años que padece de un cuadro de déficit atencional, consulta por un cuadro depresivo, en que una de las temáticas centrales se relaciona con el hecho de haber decepcionado a sus padres. Él verbaliza esta situación diciendo: “Mi papá y mi mamá son profesionales exitosos, todos mis hermanos son buenos estudiantes, salvo yo que soy la oveja negra de la familia. A pesar de que me ponen clases particulares, con suerte logro una nota mediocre. A mí me cuesta prestar atención. Todos los años me propongo ser un buen estudiante pero no me resulta. A mí no me importa tanto por mí, pero cuando me dan una mala nota solo imaginarme la cara de mi mamá cuando la vea, me deprime y no es que me rete, sino que simplemente sé que la he desilusionado otra vez”.

Exceso de medidas represivas como forma de modificar las conductas de los niños

El castigo siempre tiene un efecto negativo en la autoestima de ellos, ya que significa una desaprobación explícita de alguna acción cometida, independiente del hecho que el castigo sea percibido como justo o como injusto. Si es excesivo, la situación se agrava porque los niños están indefensos frente al maltrato de los adultos. La diferencia de poder entre padres e hijos es demasiado abrumadora y sentir que quienes deberían proteger amar y cuidar, se transforman en una amenaza, resulta un factor muy angustiante para los niños.

Carlos tuvo un padre muy violento y maltratador que por cualquier motivo sacaba la correa y les pegaba a sus hijos. Cuando eran pequeños, Carlos, quien actualmente tiene 30 años, relata que aún siente ansiedad cuando alguien abre la puerta de la casa con llave, porque lo asocia con la llegada de su padre cuando era pequeño. Además, tiene una inhibición patológica frente a las figuras de autoridad.

Sentimientos de inferioridad en relación a los hermanos

Los hermanos si bien aportan compañía, estimulación y afecto, en ocasiones pueden ser un factor estresante para los niños. Por ejemplo, hermanos mayores que son muy abusadores con los más pequeños y que los hacen sentir atemorizados. Otro ejemplo son los hermanos que son muy exitosos en el colegio y frente a los cuales el niño se siente disminuido, lo que se agrava si con frecuencia se realizan comparaciones.

Las comparaciones son siempre muy odiosas y deben ser evitadas. No obstante, aunque no se hagan comparaciones en forma explícita, lamentablemente los datos objetivos como las notas, los reportes escolares y las reparticiones de premios, son elementos suficientes para generar en los niños la sensación de ser menos competentes o menos inteligentes que sus hermanos. Esto habitualmente se viene a sumar a una sensación semejante con sus compañeros.

A María José, una niña de 10 años a la que a pesar de tener una inteligencia normal, le ha costado muchísimo el aprendizaje de la lectura. Se comparaba con su hermano mellizo al que le iba muy bien en el colegio. “Yo no soy tan inteligente como Raúl, él aprende todo lo que le enseñan y a mí me es muy difícil. Mis papás me pagan clases con una tía para que aprenda a leer y yo no aprendo ni la mitad que lo de Raúl”.

Niveles de autoexigencia muy altos

Son habitualmente niños de inteligencia alta, que han interiorizado demandas de logro elevadas y que no pueden permitirse a sí mismos equivocaciones, ni errores o niveles de rendimiento que no sean los mejores. Algunas veces esta autoexigencia actúa disminuyendo la felicidad que debe acompañar a los procesos de aprendizaje. En otras ocasiones, rigidiza las expectativas, y si algo no les resulta como habían programado, se desalientan con facilidad. En otros niños este exceso de expectativas les produce, especialmente en situaciones de evaluación, bloqueos de los mecanismos de recuperación de la información y de la creatividad. A pesar de haber estudiado se quedan “en blanco” o disminuyen significativamente la creatividad.

Soledad era la hija mayor de una familia compuesta por tres mujeres. La madre era inteligente pero muy competitiva, y se involucraba excesivamente en las actividades escolares de la niña. Le revisaba las tareas, le tomaba siempre las lecciones y no se daba por satisfecha hasta que no estaban perfectas. Actualmente a la niña que cursa enseñanza media, le va bien, aunque tiene un cuadro ansioso, le cuesta dormirse porque tiene miedo de no saber las materias perfectamente. Para ella aprender es una obligación y no un placer.

La familia debiera ser un espacio de relación en que cada uno de los miembros encuentre un lugar y un ambiente grato que permita mostrar y desarrollar los aspectos más positivos de sí mismo.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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