La valoración que hacen los niños de si mismos


Las valoraciones que los padres hacen de sus hijos son básicas para la formación de la imagen personal en la primera infancia, ya que los niños cuando son pequeños no tienen parámetros para autoevaluarse y la opinión de sus padres es en este sentido definitiva. Por lo tanto, él o ella se percibirá a sí mismo(a) como valioso(a) si los demás le expresan valoración, en cambio se sentirá como poco valioso(a) si es criticado(a).

Es importante tener en cuenta que los niños cuando son pequeños, no tienen suficiente experiencia ni lenguaje para discutir a sus padres como podría hacerlo una persona mayor. Por ejemplo, si a usted alguien le dice que es irresponsable, usted tiene suficiente experiencia de vida y de personas que han dicho de usted lo contrario como para poder argumentar o negarle validez a esta afirmación. Diferente es para su hijo, cuyo mundo de experiencias es más reducido y ve en usted la principal fuente de autoridad y no tiene el vocabulario emocional necesario para defenderse si la opinión que se dice acerca de él o ella es negativa.

En este sentido es indispensable recordar, que cuando se alaba o cuando se critica a un niño o niña, se está sembrando en él o en ella las bases del concepto de sí mismo. Es necesario estar conscientes de las palabras que se utilizan para referirse a los niños, dado que ellas quedan grabadas en su mente y son la base de su programación personal.

La valoración que hacen los niños de si mismos Psicología y Psiquiatría

Pequeñas palabras, grandes efectos

Cristina recuerda con tristeza que su mamá le repetía con frecuencia lo torpe que era. Esta sensación de torpeza la ha acompañado durante toda su vida, además de haberle generado un profundo rechazo hacia su madre. En cambio, recuerda que su padre siempre le decía: “Me encanta conversar con Cristina porque es tan inteligente”. “Estoy segura —agrega— que por eso me ha ido bien en lo académico”. Obviamente la relación de ella con su padre es muy positiva.

Boris Cyrulnik (2009), en su libro Autobiografía de un espantapájaros, plantea que un simple enunciado puede cambiar la manera en que uno se siente observado. Dice textualmente: “Por lo tanto es posible modificar el sentimiento íntimo de una persona influyendo en los relatos que la rodean, tanto en lo que se dice como en la manera en que se dice. La retórica, al dar una forma verbal y gestual a los acontecimientos que narra, estructura la intimidad de los individuos”.

Sin duda, entre los factores que más influencia tienen en la formación del autoconcepto de un niño o una niña, están el éxito y el fracaso en relación a las experiencias y exigencias con que se debe enfrentar. Sería un grave error minimizar el impacto que en la formación de su imagen personal tiene el fracasar en algo o por el contrario, percibir que sale con éxito de los desafíos. Es por esto que es fundamental, al enfrentar al niño(a) a una situación problemática o de aprendizaje, considerar sus capacidades reales y sus
posibilidades de enfrentarlo apropiadamente. En los niños, es necesario ir adaptando los niveles de dificultad de las tareas, de manera de garantizar en lo posible que tenga éxito.

Pocas situaciones producen más daño en la autoestima que el fracaso. El niño debe sentir que los adultos que lo rodean le dan contención emocional en las situaciones difíciles y que están ahí para apoyarlo y mostrarle caminos para superar la adversidad y las dificultades. El apoyo consiste básicamente en escucharlos atentamente y solo cuando el niño haya expresado y elaborado sus sentimientos, es posible hacer algunas preguntas acerca de cómo podría superar sus dificultades.

Cuando un niño es expuesto con frecuencia a situaciones de exigencias que no es capaz de cumplir, se sentirá desvalorizado y atribuirá su bajo rendimiento a una incapacidad personal, lo que le restará energía en las tareas y terminará por afectar su autoconcepto.

Ricardo contaba que durante mucho tiempo pensó que él no era muy inteligente, porque su papá intentó enseñarle ajedrez desde muy pequeño, juego que era muy difícil para él. Lo que se agravaba, porque como su padre era muy competitivo y descalificador, siempre le ganaba y además le reprochaba burlonamente su falta de habilidad.

Es importante estar consciente de que las demandas que los padres hagan a sus hijos y a sus hijas, tienen que relacionarse con su nivel de habilidades. Sobreexigirlos(as) puede ser un factor que dañe fuertemente la autoestima del niño o la niña, quien además de la sensación de fracaso que va a experimentar, secundariamente sentirá que no cumple las expectativas de su familia. No obstante, también puede ser muy negativo el subestimar las capacidades del niño, el cual puede sentirse desvalorizado(a) y muy aburrido(a) si lo que se le pide que haga se encuentra por debajo de lo que puede realizar. Dosificar las demandas, de manera que se encuentren dentro de las posibilidades del niño, es un factor decisivo para lograr buenos niveles de autoestima en los estudiantes.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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