Los errores educativos que más dañan la autoestima de los niños


Hasta los padres más bien intencionados cometen errores; lo importante es que ellos no sean muy graves ni muy frecuentes. Preocúpese que primen en la relación los aspectos valorativos y los vínculos afectivos positivos, y trate de evitar los siguientes:

Demandas y exigencias que exceden las capacidades de los niños

Si bien es importante dar al niño(a) la posibilidad de desarrollar al máximo sus potencialidades, es importante no sobreexigirlos, ya que puede ser contraproducente y tener al niño(a) en una situación constante de estrés. El temor a no cumplir con las expectativas de sus padres resta al niño seguridad y felicidad en su realización, aunque incluso consiga logros. Cuando por alguna razón sus resultados no son los que esperaba, este puede sobrerreaccionar y caer en cuadros depresivos.

Guillermo, un profesional brillante de 32 años, tenía dos intentos de suicidio. Él siempre había sido el mejor alumno de su curso, razón por la cual fue adelantado de curso en dos oportunidades. A pesar de ello, logró mantener un nivel de excelencia académica, pero la diferencia de edad cronológica con sus compañeros creó una fuerte sensación de exclusión social, que lo llevó a sentirse muy solo y especialmente con fuertes sentimientos de inseguridad hacia las mujeres. Él muy lúcidamente analiza su situación: “Siempre sentí que para que me quisieran tenía que ser el mejor. De manera irracional pienso que cuando las cosas no salen como yo pensaba, soy un fracasado y que no vale la pena seguir viviendo. Pocas veces disfruto lo que hago porque soy muy perfeccionista”.

Los errores educativos que más dañan la autoestima de los niños Psicología y Psiquiatría

Los niños deben tener la posibilidad de vivir con un nivel de exigencia que les permita enfrentar las dificultades con la sensación de tener la competencia suficiente para lograrlo. No se trata de que los desafíos sean siempre fáciles, sino de no vivir continuamente estresado y con la sensación de estar sobreexigido.

Escasa valoración de los logros de los hijos

Las fuertes demandas y exigencias a las que se ven enfrentados los padres, muchas veces les hace difícil conectarse con las necesidades emocionales de los hijos y entregarles el reconocimiento y la valoración que estos necesitan. El riesgo es que se produzca un fuerte desbalance entre la crítica y el reconocimiento, en el que los logros y las virtudes de sus hijos pasen inadvertido.

Alejandra, una niñita de 8 años, era hija de padres muy exitosos que sin duda la querían mucho, pero eran muy exigentes y competitivos. Ella se quejaba: “Me critican, nunca me encuentran nada bueno. Cuando hago las cosas bien, nadie parece notarlo, pero cuando las hago mal, ¡sálvese quien pueda!”.

Esta queja formulada de diferentes maneras, es frecuente escucharla en los niños que consultan por problemas de autoestima. Cuando los adultos tienen una actitud poco reconocedora de las fortalezas, logros y virtudes de los niños no solo se afecta la relación padres-hijos, sino que los niños introyectan una imagen de sí poco valiosa.

Si sus padres, que son quienes más los quieren no los encuentran valiosos y no están orgullosos de ellos, ¿de dónde podría obtener el niño la valoración para construir una autoestima positiva?

Intolerancia frente a los errores

El error es parte del proceso de aprender. El temor a equivocarse puede ser uno de los frenos más importantes del desarrollo infantil y es uno de los indicadores de una autoestima negativa. El temor a equivocarse disminuye la capacidad de explorar y arriesgarse, lo que tiende también a bloquear la creatividad.

Verónica, una mujer de una inteligencia excepcional, que cursó con gran éxito una carrera universitaria, pasó años sin ejercerla, aterrorizada por cometer un error. No se atrevió a casarse y rompía sus noviazgos cuando se ponían más formales, por temor a no haber escogido la persona apropiada. En el proceso terapéutico ella reportaba que sus padres eran muy exigentes, que hacían fuerte demandas, esperando que hasta el más pequeño detalle estuviera perfecto y subrayaban que todo había que realizarlo en niveles de excelencia. En su casa las equivocaciones eran fuertemente sancionadas con reprimendas, a veces incluso con castigo físico, pero sobre todo con una retirada del afecto. El mensaje educativo era: “Piensa muy bien lo que vas a hacer, porque las equivocaciones se pagan caras”.

Las personas que tienen miedo a equivocarse temen perder la estimación de los otros si se equivocan, por ello desarrollan mucha aversión al riesgo de emprender cosas novedosas y diferentes, pues temen que no resulten bien.

Falta de reconocimiento de los esfuerzos del niño

Juzgar a los hijos solo por los resultados, puede ser muy dañino para la imagen personal, ya que de esa manera se desvaloriza el esfuerzo, que es una virtud muy importante para conseguir logros. Hacerse una imagen de sí mismo como una persona que se esfuerza por conseguir sus objetivos, tiene efectos en la formación de la personalidad que es un recurso invaluable para los niños y los adultos que tienen esta característica. La capacidad de hacer esfuerzos mantenidos da la posibilidad de poner energía en los sueños y proyectos personales sin desanimarse cuando surgen obstáculos.

Daniela, una adolescente que tiene a cargo un exitoso proyecto de acción social, que ha logrado sacar adelante con gran optimismo y constancia, contaba: “En mi casa siempre se valoró el esfuerzo que se ponía en hacer las cosas, aunque no siempre resultaran bien. Lo que importaba era el esfuerzo. Si uno llegaba con una nota no muy buena, la pregunta obligada era, ‘,crees tú que te esforzaste lo suficiente?’. Si la respuesta era afirmativa, no había ninguna sanción y más bien se recibía apoyo. Por otra parte, mi papá y mi mamá eran un ejemplo de personas esforzadas”.

Actitud desvalorizadora de las capacidades y de los comportamientos del niño

A veces los padres equivocadamente piensan que educar es corregir y como los niños están en proceso de maduración, obviamente les falta mucho para lograr hacer las cosas de manera perfecta. Una relación educativa donde se señala con frecuencia cuánto falta por lograr y por la crítica constante, es sin dudar uno de los factores que explican una autoestima negativa, ya que el niño no tiene parámetros para discutir las opiniones de los adultos significativos. Generalmente en las críticas va implícita una desvalorización de las capacidades del niño que lo van a acompañar en el futuro.

Andrés, quien tiene problemas en la autoestima física, recuerda las continuas desvalorizaciones que sufría por parte de su padre por su falta de talento deportivo. “Mi padre era un gran deportista, desafortunadamente parece que yo no heredé esa característica y él en su esfuerzo de hacer de mí una persona atlética, terminó por traumatizarme y por convencerme de que yo era el peor de todos. En su afán de estimularme me ridiculizaba y me imitaba, con lo que yo me sentía muy humillado y por supuesto, sin ningún talento deportivo. Ahora me doy cuenta de que mis habilidades son normales, solo que no era tan bueno como él hubiera querido. El resultado es que ahora no me gusta hacer ningún tipo de actividad física, lo que es una lástima porque lo necesitaría para bajar de peso”.

La atribución de falta de capacidad cuando un niño(a) tiene dificultades es muy peligrosa, por lo que es preferible atribuirla a que la tarea es muy difícil o a que no hemos descubierto el método para enseñarle bien, o a que aún le falta la madurez para lograrlo.

Comparaciones constantes con sus hermanos

Pocas cosas hay más tóxicas para el desarrollo socioemocional que sentirse siempre comparado. La comparación crea distancia con la persona que se es comparada, lo que es muy peligroso si se trata de un hermano, un primo o un compañero. En general los padres suelen hacer comparaciones, en las que el resultado es negativo para el niño, con lo que generan sentimientos de inferioridad, algo así como “yo no soy tan bueno como él”, lo que produce una profunda sensación de malestar.

Los comentarios de Teresa dan cuenta de los efectos nocivos para el desarrollo de la personalidad que tiene un ambiente competitivo, en que las comparaciones son la tónica habitual en la relación. “Si hay algo que me molesta de mi forma de ser, es que estoy constantemente comparándome. Si me arreglo para ir a un lugar, no me basta estar bien, tengo que analizar cómo están todos los demás y estar mejor que todos y cada uno de ellos. Como esto es casi imposible que suceda, estoy con frecuencia disgustada conmigo misma. Si me compro algo, tengo que estar segura de que es lo mejor y lo más barato. Si alguien compró algo más barato, se me arruina el día. Admiro esa gente que se alegra con la felicidad de los otros. Siento que mis padres sembraron mucha envidia en mí con sus comparaciones continuas”.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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