Los niños y la tiranía de los “debería”


Todos los padres, y es normal que así sea, tienen expectativas en relación a sus hijos, pero un exceso de expectativas puede resultar una pesada carga para los hijos, especialmente cuando ellas no tienen en cuenta las características ni los intereses de los niños. En estos casos, pueden producirse importantes conflictos en la relación padre e hijo, y/o el niño quedar con la pesada carga emocional de no haber sido capaz de cumplir las expectativas de sus padres.

Así le sucedía a Matías, hijo único de un padre y una madre que eran músicos muy destacados. Pese a los múltiples intentos de lograr que el niño desarrollara intereses y habilidades musicales, nunca logró dominar el aprendizaje de un instrumento, y más aun, le tomó aversión a la música, porque ella lo distanciaba de sus padres. Matías, a pesar de ser un buen alumno, siempre tuvo la sensación de no ser el hijo que ellos hubieran deseado. Las bromas acerca de “a quién habrá salido este niño tan negado para la música?”, que los padres hacían sin intención de herirlo, lo lastimaron de tal manera en su autovaloración, que el niño desarrolló un cuadro depresivo que necesitó de una intervención familiar para ser superado. Los padres de Matías debieron aprender a focalizarse en los otros talentos del niño y aceptar que cada persona es única y que nadie tiene por qué satisfacer las expectativas de otro.

Hay que tener cuidado con la tiranía de los “yo debería”. Uno de los temas que en la vida adulta más lesiona la autoestima de las personas, son los mandatos internos irracionales de algunos “yo debería”. A veces ellos son tan im placables, que dificultan la autoapreciación, transformando todo en autoexigencias patológicas.

Los niños y la tiranía de los "debería" Psicología y Psiquiatría

McKay, Fanning, Honeychurch y Stucker (2000) plantean que siempre es necesario plantearse si nuestros “deberían” son o no saludables. Estos autores plantean que los “debería” saludables son flexibles y realistas; es decir, están acordes a las posibilidades de cumplirlos. A su vez, se introyectan como propios y contribuyen a ampliar la vida, considerando las necesidades y sentimientos de las personas. En contraste, los “debería” no saludables son rígidos, se introyectan en forma incuestionable o son poco realista en las demandas. Además, son restrictivos de la vida, ignorando las necesidades y los sentimientos de las personas.

Estos “debería” se forman en la infancia, a través de los mensajes entregados por los padres, tales como:

Son mandatos que no tienen ninguna posibilidad de ser cumplidos por los niños y tienen un nivel de irrealidad que limita con la utopía. La sobregeneralización y el perfeccionismo que suponen, condenan al niño(a) a estar constantemente insatisfecho con el nivel de logro o con las emociones que se sienten. Se genera de esta manera, un descontento crónico consigo mismo, lo que puede ser muy lesivo para tener niveles de autoestima compatibles con un sentimiento de bienestar interno. Analizar algunos de estos “debería”, puede ayudar a clarificar cómo entregar valores en forma positiva y sin sobrecargar a los hijos con exigencias incumplibles.

El imperativo moral con que la familia de Andrés lo había educado, había sido “siempre hay que triunfar”, lo que lo llevaba a pensar que si obtenía el segundo lugar había fracasado. Con esto asumía una actitud competitiva que le trajo problemas sociales y a tener una actitud muy depresiva frente a lo que él consideraba sus fracasos. La idea estadounidense del éxito, en que si no eres el primero, eres un “perdedor”, tiene un impacto dramático en la mayoría de los niños, ya que por definición, el primero es solo uno y por lo tanto, el resto serán perdedores, lo que sin duda es un enorme error.

La disciplina debe ser puesta desde el autocontrol, la sabiduría y las necesidades de los niños. Asimismo, la intensidad emocional debe ser regulada, de tal
manera que no aterrorice al niño(a) y que sea persuasiva para el cambio.

¿Es esta la disciplina que quiero ejercer?

De acuerdo con su hijo o hija, filme o grabe una discusión en relación a un tema disciplinario. Un día después, cuando estén tranquilos o cuando haya pasado la tempestad, revise la grabación y silo considera apropiado, hágalo con él o ella. Poder escuchar con más distancia, les permitiría tomar conciencia de que han sido agresivos. No es conveniente entrar de nuevo en la discusión porque la reedita; basta con que cada uno pueda percibir internamente sus reacciones. No haga un uso excesivo de esta técnica, porque pierde su valor.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario