Dimensión afectiva de la autoestima


Está muy relacionada con la autoestima social, pero se refiere a la autopercepción de las características de la personalidad, como sentirse básicamente una persona capaz de conectarse con las propias emociones y poder expresarlas. Asimismo, alude a la capacidad de autorregular los impulsos y de adecuarse a las situaciones sociales.

Según Greenberg (1997), aumentar la tasa de emociones positivas tiende a asentar las vías anatómicas adecuadas para que el niño aprenda a “dominar” las lecciones más importantes de la vida; es decir, aprender a vivir y tener bienestar psicológico. En esta misma línea, se ha planteado que el optimismo es un factor esencial para el aprendizaje emocional de los niños.

Raquel era una niñita bastante tímida, razón por la cual le era difícil hacerse de amigos. Los padres, preocupados por estas características, se pusieron a la tarea de mejorar la percepción de la niña en esta área, invitándole amigos y recalcando lo segura y sociable que era en la relación. Al mismo tiempo, se cuidaron de no hacer comentarios acerca de la timidez de Raquel y de presionarla excesivamente con preguntas como “icon quién jugaste hoy?’; “¿conversaste con tus amigas?’; que le hacían a Raquel más patentes sus dificultades. Al aumentar los espacios de sociabilidad y al recibir reconocimiento específico de sus padres acerca de su sociabilidad y asertividad, Raquel fue integrándose y percibiéndose a sí misma más segura y sociable. Una tía además, leyó con ella el libro Eres muy especial, recalcándole cuán especial era Raquel para ella. Todo esto contribuyó a una actitud de aceptación de sí misma, que es básica para una autoestima positiva.

Dimensión afectiva de la autoestima Psicología y Psiquiatría

En general las características en esta área se han descrito en forma dicotómica, o polarizadas, con un polo negativo y otro positivo. Las siguientes son las características que describen esta dimensión:

Conseguir una autoestima afectiva positiva

Para tener una autoestima afectiva positiva, es necesario sentirse explícitamente querido y querible en forma frecuente por las personas que nos rodean. Es importante que los padres puedan expresar a sus hijos valoraciones que reconozcan las capacidades afectivas de los niños, así como enseñarles a través de su propia forma de expresar sus emociones un modelo fluido y cálido de expresar afecto.

Por su parte, los padres tienen que ser consecuentes, siendo modelos en la expresión adecuada de las emociones, pudiendo hablar de ellas y no sobrerreaccionando a los contratiempos, enseñándoles a los niños cómo tolerar las frustraciones. Otra manera de ayudarlos a manejar sus emociones es por medio de la biblioterapia, utilizando libros de cuentos para que aprendan a identificarlas y contactarse con ellas (ver apartado “Biblioterapia y alfabetización emocional”).

Los niños suelen ser aún emocionalmente muy inestables y a muchos padres les es difícil lidiar con las emociones de sus hijos. No obstante es de la mayor relevancia que los padres acepten las emociones de los niños como elementos centrales del desarrollo integral de toda persona. No es saludable estimular la desconexión del niño o niña con sus sentimientos, por desagradables que estos nos parezcan, ya que ellos nos permiten tener un registro de nuestros malestares y de aquellas cosas que nos agradan, siendo información relevante en los procesos de toma de decisión. Por lo demás, aunque se entrene en ocultar las emociones negativas, está demostrado que ellas se expresan igualmente en las reacciones fisiológicas. De esta manera, lo que se logra es interrumpir la conciencia y conexión con el registro corporal, convirtiendo a las personas en más vulnerable a desarrollar enfermedades no solo psicológicas, sino también físicas.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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