La importancia de la autoestima en los niños


La importancia de la autoestima radica en que si las personas no se quieren a sí mismas, difícilmente podrán ser felices y hacer felices a los demás. Cuando por diferentes razones se disminuye la autoestima, como por ejemplo haberse sentido rechazado o críticas excesivas, las personas pierden la confianza en sí mismas, tienden a proponerse menos metas y tienen menos energía para lograrlas.
La autoestima incluye el sentimiento del propio valer, de ser querido y apreciado por uno mismo y por los demás. Supone el conocimiento de sí mismo, el aprecio por los propios intereses, la valoración de los éxitos, de las habilidades y características de cada uno. Por eso el primer paso para trabajar la autoestima es conocerse y apreciarse.

Las diferencias en los niveles de autoestima tienen una influencia considerable en el estilo de vida y en el desarrollo personal. Una de las variables más significativas para la adaptación social y el éxito en la vida es tener una autoestima positiva; es decir, saberse y sentirse competente en diferentes aspectos.

De esta manera, la autoestima tiene un impacto decisivo en el bienestar socioemocional de las personas. Las personas con autoestima positiva tienen seguridad en sí mismas, lo que implica tener acceso a sus sentimientos y necesidades reales, y a la posibilidad de articularlos. Este acceso emocional es fundamental para una persona segura. Piers (1984) estudió la relación entre autoestima, la responsabilidad por el sentimiento de éxito y la del fracaso, concluyendo que la autoestima estaba altamente relacionada con la responsabilidad por el éxito, pero muy débilmente con la responsabilidad por el fracaso.

La importancia de la autoestima en los niños Psicología y Psiquiatría

La necesidad de adecuar las exigencias a las capacidades del niño o niña es un imperativo, ya que una historia de fracaso constituye un obstáculo para la formación de una imagen personal positiva y disminuye en forma significativa las expectativas de autoeficacia.

La sensación de tener bajas expectativas de éxito afecta negativamente la iniciativa del niño, lo que lo lleva por temor a restringir sus campos de acción y con ello inhibe consecuentemente el desarrollo de sus potencialidades. Por el contrario, el niño que desarrolla expectativas altas en relación a su autoeficacia tendrá mayor confianza en sus capacidades, con lo que se sentirá más energizado y a partir de allí podrá generar iniciativas creadoras en diferentes campos de acción, lo que a su vez favorece el desarrollo de sus potencialidades.

Cuando una persona logra desarrollar una autoestima positiva no se siente disminuida si necesita pedir ayuda, porque el reconocimiento de su propio valor le favorece el reconocimiento del valor de los demás. Estos niños son responsables y se comunican en forma socialmente competente.

Los diferentes niveles de autoestima generan distintas respuesta frente a los fracasos. Los niños con una autoestima negativa presentan una fuerte reacción emocional que les deja una huella duradera y una gran ansiedad ante la evaluación de los otros. El sufrimiento de esos niños es excesivo y suelen presentar una ansiedad anticipada frente a los eventos por temor al fracaso. Por su parte, las personas con autoestima positiva toleran mejor el fracaso, tienen mayor resistencia a la adversidad y los efectos de no tener éxito son mucho menos durables.

En la narrativa que las personas se hacen de sí mismas, el autoconcepto y la autoestima juegan un rol central. Ellos no constituyen conceptos estáticos, sino que van cambiando según las experiencias de vida y las interacciones sociales que se tienen con las personas significativas. La autoestima y el autoconcepto son constructos psicológicos que de algualguna manera explican cómo actúan las personas y pueden ser modificados a través de las experiencias y los vínculos que el niño tiene.

Las sanciones como estrategia educativa deben ser usadas con mucha cautela, ya que tienen un potencial importante de daño en la autoestima de los niños y en la relación padres-hijos. Los castigos producen en general intensas reacciones emocionales de frustración y de agresión, así como un deterioro en la relación con la persona que castiga. Cuando los niños son sancionados a través de castigos, críticas, desvalorizaciones y otros mecanismos coercitivos, con frecuencia tienden a generar resentimientos hacia sus padres y un nivel de violencia interna que buscará expresarse a través de diferentes manifestaciones.

La mayor parte de la violencia que vemos a diario tiene su origen en personas que han sido víctimas de maltrato

Ana María, una mujer muy inteligente, que fue educada por padres muy perfeccionistas, recuerda que cuando era pequeña si cometía alguna equivocación en sus cuadernos, la madre le borraba la página entera, obligándola a rehacerla una y otra vez. Ella era bastante ordenada, pero siempre tenía la sensación de que no lo había hecho lo suficientemente bien. Ella reporta que esta sensación la persigue hasta hoy. Dice que en dos ocasiones ha renunciado a su trabajo, porque a pesar de que sus jefes no la habían criticado, ella tenía la sensación de no hacerlo lo suficientemente bien. Este es un ejemplo claro de cuán paralizante puede llegar a ser la crítica excesiva.

La autoestima negativa dada por un ambiente muy crítico, puede llevar al niño o a la niña a desarrollar lo que se ha llamado “autocrítica patológica paralizante”. McKay y Fanning (1991) sostienen que la crítica excesiva patológica que se recibe del medio distorsiona negativamente la autoestima. Rodríguez (2002) la denomina como la “crítica interior”, aquella que constantemente entrega mensajes que parecen inofensivos pero que resultan destructivos para la autoestima, porque conducen a una valoración negativa de sí mismo y a una autorrepresión. Este crítico interior se ha conformado producto de los argumentos que padres y luego otras personas significativas nos han impuesto “por nuestro propio bien”.

La “crítica patológica” se interioriza como una voz interior y se transforma en una autocrítica patológica a través de afirmaciones negativas acerca de sí mismo que tienen un efecto paralizante. La destrucción sistemática de la autoestima por parte de padres muy críticos, constituye una forma de maltrato psicológico que sin duda daña la imagen personal del niño y su posibilidad de sentirse bien consigo mismo.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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