El fibrobroncoscopio es un tubo flexible de unos
5 mm de diámetro externo que permite la exploración detallada de las primeras cuatro o cinco generaciones del árbol bronquial bajo anestesia tópica. Está formado por haces para transmitir la luz hasta el extremo distal del broncoscopio y por fibras de vidrio revestidas de una capa de vidrio de menor índice de refracción, con lo que se logra una buena transmisión y recepción de la luz de uno a otro extremo de las fibras, aunque éstas se tuerzan o se doblen. Además del sistema óptico, a lo largo del fibrobroncoscopio discurre un canal hueco a través del cual se puede aspirar secreciones, instilar sustancias, o introducir pinzas y distintos tipos de catéteres e instrumental variado de utilidad diagnóstica o terapéutica (figura 1.1). Los equipos más modernos de broncoscopios flexibles, en lugar de transmitir las imágenes a través de fibras ópticas, utilizan minicámaras de video situadas en el extremo distal del broncoscopio.
El broncoscopio flexible se puede introducir en el árbol bronquial por diferentes vías; la más habitual es la vía nasal pero también se puede utilizar la vía oral, un tubo endotraqueal o una traqueostomia. Las indicaciones de la broncoscopia son múltiples. Las más frecuentes son la sospecha de una neoplasia, la hemoptisis, el diagnóstico etiológico de una infección pulmonar, el diagnóstico específico de las enfermedades parenquimatosas difusas del pulmón y la aspiración de secreciones. Durante el procedimiento se pueden emplear distintos instrumentos, como las pinzas de biopsia, el cepillo bronquial para hacer un legrado de la mucosa sospechosa, o la aguja para punción transbronquial en el caso de lesiones submucosas o mediastínicas. La broncoscopia flexible también puede ser terapéutica, como en el caso de la extracción de cuerpos extraños.
La biopsia transbronquial o biopsia pulmonar broncoscópica, consiste básicamente en recoger una muestra de parénquima pulmonar, es decir, biopsiar distalmente a través del bronquio sin visualizar directamente el tejido diana. El riesgo fundamental de este procedimiento es el neumotórax y el sangrado, y su máxima rentabilidad se obtiene en ciertas enfermedades infecciosas, como la tuberculosis o la infección por Pneumocystis jiroveci, y en el diagnóstico de sarcoidosis, linfangitis carcinomatosa y rechazo agudo en el trasplante de pulmón. Es menos rentable en la neumonitis por hipersensibilidad, la histiocitosis X, la linfangioleiomiomatosis o la bronquiolitis obliterante.
El lavado broncoalveolar consiste en la instilación y aspiración secuencial de una determinada cantidad de solución fisiológica a través del canal hueco del broncoscopio flexible, cuyo extremo distal está enclavado en la vía aérea tributaria del territorio que se quiere estudiar. La muestra recogida supone una fiel representación del contenido alveolar y se puede estudiar desde un punto de vista citológico, bioquímico y microbiológico. Tiene una gran rentabilidad en infecciones, tanto por microorganismos habituales como por oportunistas, especialmente P jiroveci y citomegalovirus. También puede ser útil en el diagnóstico de histiocitosis X, sarcoidosis, neumonitis por hipersensibilidad, eosinofilias pulmonares, hemorragias alveolares y otras enfermedades parenquimatosas difusas del pulmón.