El abandono del tabaco es la medida más eficaz para evitar el deterioro de estos enfermos y en este sentido se deben dirigir todos los esfuerzos posibles. Cualquier médico debe hacer ver al paciente que la etiología de su enfermedad es el tabaco, desmintiendo las múltiples causas a las que el enfermo suele achacar su enfermedad. El médico general debe estar entrenado en los consejos básicos para la deshabituación tabáquica. En cada visita de control debe preguntar si se ha abandonado el tabaco. La terapéutica sustitutiva de nicotina (chicles, parches cutáneos o nebulizadores nasales) puede ser útil para minimizar la ansiedad de la abstinencia. El bupropion es el fármaco con mayor éxito en los programas de deshabituación. No obstante, estas medidas se aconsejan dentro de un plan estratégico, de pasos progresivos, y tutelado por personal experto.
La rehabilitación respiratoria se indica en aquellos enfermos que presentan disnea, con limitaciones para el desarrollo de sus actividades diarias, o aquellos con evidente deterioro de su estado de salud. Existen evidencias para asegurar que la rehabilitación respiratoria disminuye la frecuentación del enfermo a los servicios sanitarios, mejora su tolerancia al ejercicio y su estado de salud. Los programas de rehabilitación han de ser llevados a cabo por equipos multidisciplinares y ajustados caso a caso. Este tipo de actuación comprende: educación sanitaria a propósito de su enfermedad, intervenciones conductuales y psicosociales y entrenamiento al ejercicio. Los enfermos deben cumplir el programa en un centro sanitario especializado y ser capaces de realizarlo posteriormente en su domicilio, con visitas periódicas al centro para fortalecer su adhesión al programa y corregir posibles desviaciones del mismo.
El entrenamiento de los músculos respiratorios se orienta a mejorar la fuerza de los mismos y su resistencia. La fuerza se puede mejorar con maniobras cortas de alta intensidad, especialmente con esfuerzos inspiratorios con glotis cerrada o utilizando dispositivos que cierran bruscamente el flujo ins-piratorio (shutter) mientras se intenta seguir inspirando. La resistencia se ejercita con ejercicios de baja carga y larga duración.
Muchos enfermos, a causa de su disnea, hacen una vida muy sedentaria que conlleva una debilidad muscular en extremidades. Ejercicios de rehabilitación dirigidos a miembros inferiores, simplemente caminar o ejercitarse en bicicleta estática, pueden mejorar su tolerancia al ejercicio tal como se ha demostrado con la prueba de la marcha de seis minutos. Muchos enfermos se quejan de disnea cuando realizan pequeños ejercicios con las extremidades superiores en alto; posiblemente, debido a que interfieren con la musculatura respiratoria. Algunos estudios han demostrado mejor tolerancia a estas actividades de la vida diaria después de un programa de entrenamiento muscular de extremidades superiores.
Con la intención de combatir la fatiga muscular respiratoria se han utilizando dispositivos mecánicos de asistencia ventilatoria (ventilación mecánica no invasiva) a fin de proporcionar descanso muscular. Los dispositivos más utilizados proporcionan una presión positiva inspiratoria, de carácter intermitente, a través de una mascarilla nasal. También existen corazas torácicas que trabajan con presiones negativas. Su uso en los periodos estables de la enfermedad está sujeto a controversia. Sin embargo, en los periodos de agudización, esta terapéutica puede tener especial relevancia para mejorar la insuficiencia respiratoria
Los drenajes posturales para facilitar la expectoración no son necesarios salvo en pacientes con gran cantidad de secreciones y tos inefectiva. La percusión torácica (clapping) no aporta ventajas.
La nutrición es otro de los aspectos a vigilar en este tipo de enfermos. La pérdida de peso está relacionada con un incremento de la mortalidad. Con la edad avanzada se pierde masa muscular con mayor facilidad, mientras que se tiende a incrementar los depósitos de grasa. Además, los pacientes con EPOC asocian esta situación con un estado hipermetabólico, quizás relacionado a un incremento continuado del trabajo respiratorio. La conjunción de ambas situaciones les lleva a la malnutrición con la consiguiente repercusión en la fuerza muscular y la mecánica respiratoria. Una sencilla evaluación nutricional se puede hacer calculando el índice de masa corporal. El tratamiento de la malnutrición ha de hacerse por personal especializado y conlleva, básicamente: adecuar las calorías al gasto energético del paciente, múltiples comidas de pequeña cantidad y alto valor nutricional (huevos, mantequilla, frutos secos), aconsejar descanso tras las comidas y aportar suplementos vitamínicos. La necesidad de sobrehidratación, que se ha preconizado durante años para fluidificar secreciones, carece de justificación.
La oxigenoterapia constituye uno de los pilares básicos en el tratamiento de la insuficiencia respiratoria relacionada a la EPOC.