El cambio de estación supone para muchas personas la aparición de trastornos relacionados con la reducción de horas solares
Con el otoño llega la melancolía y la reagudización de problemas de salud que habían permanecido latentes. Parece que no es sólo la vuelta a la rutina. Hace muchos siglos que sabemos que las estaciones influyen en la salud. Ya lo decía Hipócrates: «En todas las estaciones aparecen enfermedades de toda especie, pero hay dolencias que son más frecuentes y graves en unos tiempos que en otros».
Con la llegada de la época otoñal muchas personas sienten tristeza, decaimiento y cansancio. En este cambio, que viene propiciado entre otros factores por el paso de las vacaciones a la rutina, tiene también un papel importante la reducción en la intensidad y las horas de luz. Así como la luz del sol, según las estaciones, influye en las actividades de los animales, también puede afectar a los seres humanos modificando sus relojes biológicos y afectando a la rutina cotidiana.
Algo más que melancolía
Esta alteración en el ánimo, conocida como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), está relacionada con cambios a nivel de la melatonina, hormona que participa en una gran variedad de procesos neuroendocrinos como el ritmo de sueño-vigilia y los estados de ánimo. Una de las características más relevantes de la melatonina, secretada por la glándula pineal, es su variabilidad a lo largo del ciclo de 24 horas y su respuesta a cambios en la iluminación ambiental, de forma que se produce en mayor proporción en la oscuridad e incrementándose sus niveles cuando los días son más cortos y con menos luz.
Los síntomas incluyen, entre otros, cambios en el estado de ánimo, fatiga, falta de interés por las actividades habituales así como un deseo exagerado por consumir dulces como el chocolate con el consiguiente aumento de peso. Los síntomas depresivos suelen ser leves o moderados aunque en pacientes con problemas depresivos previos pueden ser más importantes. No todas las personas con TAE experimentan todos los síntomas; por ejemplo, es posible que el nivel de energía sea normal pero el deseo de dulces sea intenso.
El TAE, por lo general, se relaciona con la llegada de los meses fríos. Sin embargo, individuos que trabajan muchas horas en oficinas con poca luz natural pueden experimentar síntomas todo el año y algunas personas más sensibles también pueden notar cambios en el estado de ánimo durante los días nublados. Esta alteración es más frecuente en los países con menos horas de luz solar sobre todo durante la época invernal. Así, en zonas próximas al ecuador incide en el 1,5% de la población mientras que en Canadá está descrito que afecta al 10%.
El TAE es más frecuente en los países con menos horas de luz solar y durante el invierno
Los síntomas del TAE se pueden mejorar con un aumento en la exposición a la luz del sol. Puede ser interesante pasear e intentar pasar tiempo al aire libre así como acomodar la casa o el lugar de trabajo a fin de quedar expuesto a las ventanas durante el día. Para tener una idea de lo que representa la reducción en el estímulo lumínico que recibimos vale la penar saber que una habitación normal está iluminada entre 150 y 200 luxes, mientras que el sol intenso de verano es de 100.000 luxes.
Si la sintomatología depresiva es importante y afecta de forma considerable la vida diaria, la terapia con luz (fototerapia) puede ser una opción de tratamiento efectiva. Este tipo de tratamiento, que debe realizarse preferentemente por las mañanas, consiste en exponerse a luz muy brillante entre 30 y 90 minutos diarios durante los meses de invierno. La prescripción de antidepresivos también es una alternativa a considerar.
Enfermedad ulcerosa, patología estacional
Aunque se desconoce el motivo, los pacientes con úlcera péptica sufren recaídas sintomáticas durante la primavera y el otoño lo que hace que los especialistas se refieran a ella como una enfermedad estacional. Contrariamente a lo que hasta hace unos años se venía creyendo, la dieta y el estrés no son los factores más importantes que determinan la aparición de la enfermedad ulcerosa. Se ha demostrado que en el 90% de los casos está provocada por la infección por Helicobacter pylori, una bacteria cuya erradicación permite curar la mayoría de los casos. Es en estos casos, en que la úlcera está relacionada con la presencia de la bacteria, cuando se producen los brotes estacionales.
La ingestión de antiinflamatorios es la segunda gran causa de úlceras pépticas, con fases de actividad coincidiendo con los momentos de ingestión de los fármacos. En general, cuando una úlcera evoluciona con brotes de exacerbación después de una temporada sin síntomas, los pacientes intentan relacionar estas recaídas con el estrés o con el consumo de algunos alimentos o bebidas, pero no puede afirmarse que realmente sean factores desencadenantes de los brotes ulcerosos aunque sí pueden provocar una mayor percepción de los síntomas.
Tradicionalmente también se consideraba que la dieta constituía uno de los ejes fundamentales del tratamiento de la úlcera péptica. Sin embargo, no parece tan importante; lo que sí influye es la adicción al tabaco, que está comprobado que retrasa la curación y que, además, influye en las recidivas. La evolución de enfermedad ulcerosa puede llevar consigo ciertas complicaciones potencialmente graves. Una de las más frecuentes es el sangrado, estimándose que aproximadamente el 25% de los pacientes padece hemorragias en algún momento de la evolución de la enfermedad, ya sea de forma aguda o crónica.
La endoscopia digestiva es la técnica de elección en el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad ulcerosa. Dado que el 90 % de las úlceras son positivas a Helicobacter pylori, si se confirma debe realizarse un tratamiento erradicador de dicha bacteria con antisecretores y antibióticos y, posteriormente, hacer un seguimiento. En la actualidad, la enfermedad ulcerosa tiene muy pocas indicaciones de cirugía.
LA ESTACIÓN DE LOS ÁCAROS
En el Día Mundial de la Alergia, celebrado el pasado 16 de octubre, se advirtió a la opinión pública que las enfermedades alérgicas también son importantes fuera de la primavera. El 25% de la población europea presenta algún tipo de alergia respiratoria y, de este porcentaje, al 70% le representa alguna limitación en su vida cotidiana.
Muchos piensan que con el fin de la primavera y del verano se acaban las pesadillas para los alérgicos, pero la realidad es muy diferente; alergenos como los ácaros, no sólo no desaparecen en esta época sino que hacen su agosto con la llegada del otoño. De hecho, esta temporada del año que ahora empieza se puede considerar la estación de los ácaros.
Dentro del calendario de las enfermedades alérgicas, los meses otoñales son los que más afectan a los alérgicos; es en esta estación dónde se dan unas condiciones de humedad y temperatura que facilitan la proliferación de los ácaros del polvo. El inicio de las lluvias con el consiguiente incremento de la humedad ambiental, la puesta en funcionamiento de las calefacciones y una menor ventilación de las viviendas hacen posible que los ácaros mantengan su ciclo vital y agudicen los procesos alérgicos.
Los ácaros son unos organismos microscópicos que viven en el polvo doméstico. Pertenecen a la familia de los arácnidos y, para su crecimiento, deben darse unos factores específicos de temperatura (20-30ºC), humedad (70%-80%) y nutrición (escamas de piel humana). Normalmente se encuentran en interiores y, en concreto, se localizan en sábanas, edredones, mantas, sillones, almohadas, alfombras, cortinas, tapicerías, peluches y colchones. Los excrementos de estos organismos se encuentran inicialmente solidificados y unidos a las fibras del tejido pero, con el tiempo, se deshacen en partículas más pequeñas que se localizan en el polvo de la casa.
Los ácaros son inofensivos para ser humano, pero sus residuos fecales poseen un elevado poder alergénico. La inhalación de partículas proteicas, presentes en las heces de los ácaros y en menor medida en su cuerpo, son causa de rinitis y asma alérgicas. Se estima que los ácaros son el agente ambiental que con más frecuencia causa alergia respiratoria en el mundo.
Para reducir la presencia de ácaros hay algunas medidas que pueden ser eficaces; es importante una limpieza exhaustiva sin levantar polvo (y, sobre todo, en ausencia del afectado) así como la ventilación diaria (en particular del dormitorio), evitando todo lo que puede facilitar la acumulación de polvo (moquetas, alfombras y peluches). Estas pautas han demostrado su efectividad a la hora de minimizar la exposición a los alergenos y de reducir los síntomas de rinitis y asma así como las necesidades de medicación y la morbilidad de estas enfermedades.