Estas dos pruebas son las básicas de un laboratorio de exploración funcional. Sus indicaciones son muy amplias, y en principio, figuran en el proceso diagnóstico de la mayoría de las enfermedades del aparato respiratorio y en su control evolutivo. Además, ayudan a identificar a los pacientes con riesgo quirúrgico, y son las pruebas más empleadas en estudios epidemiológicos.
Tanto la espirometría como la curva flujo-volumen se realizan de la misma forma y los datos que nos proporcionan son los mismos. La diferencia estriba en la variable medida y en su representación gráfica posterior.

Los espirómetros miden el volumen máximo inspirado y espirado y lo representan frente a tiempo. En la figura se muestra la capacidad pulmonar total (TLC) y los diferentes volúmenes en que se divide. Mediante la espirometría se pueden hallar todos ellos excepto el volumen residual (RV), y por lo tanto tampoco se puede conocer la TLC ni tampoco la FRC (capacidad funcional residual).
El volumen máximo que un sujeto espira después de una inspiración forzada es la capacidad vital (VC), que se divide en volumen de reserva inspiratorio (IRV), volumen de reserva espiratorio (ERV) y volumen corriente (TV). La maniobra de VC puede realizarse de forma lenta o bien durante una espiración rápida y forzada (capacidad vital forzada, FVC). Este último modo es el habitual, pues permite calcular el FEV1 (volumen espirado máximo en 1 segundo, conocido en castellano como VEMS; en los países latinoamericanos también se denomina volumen espiratorio for-zado en 1 segundo, VEF1).
Para el cálculo del FEV1 la velocidad del trazado espirométrico se hace más rápida y así permitir una mejor lectura de este volumen. La relación entre el FEV1 y la VC se denomina índice de Tiffeneau, se expresa en porcentaje y sus valores normales se sitúan entre el 70-80%.
La curva de flujo/volumen se obtiene a través de la medición instantánea del flujo espiratorio e inspiratorio máximo que se realiza en un aparato denominado neumotacógrafo. La gráfica que se obtiene – flujo frente a volumen – proporciona parámetros idénticos a los de la espirometría.
Sin embargo, el flujo espiratorio máximo y los flujos máximos al 25%, 50% y 75% de la FVC son más fáciles de calcular con este tipo de curva que con el trazado de la espirometría. La curva de flujo/volumen tiene mejor representación gráfica del trazado que la espirometría simple, valorándose mejor de visu la existencia de una obstrucción al flujo aéreo o una restricción. Según los valores de VC, FEV1 y el índice de Tiffeneau obtenidos mediante un espirómetro, es posible clasificar las enfermedades respiratorias en obstructivas, restrictivas o normales en cuanto a la función ventilatoria.
El patrón restrictivo, cuyo ejemplo característico es la fibrosis pulmonar, se define por una disminución de la VC, un FEV1 disminuido proporcionalmente a la VC y por tanto un índice de Tiffeneau conservado (figura 3.2b). El trastorno obstructivo, como el asma y la EPOC, se caracteriza por un FEV1 disminuido, con un índice de Tiffeneau bajo, y una VC normal o disminuida. Sin embargo, en un porcentaje alto de casos ambos trastornos se encuentran presentes o existe una restricción que enmascara una obstrucción. En estos casos es necesario la realización de otras pruebas para determinar con claridad el grado de obstrucción y/o restricción. La curva es especialmente útil para el diagnóstico de la obstrucción de las vías aéreas centrales, glotis y tráquea.
Cuando esta obstrucción es fija, como es el caso de la estenosis traqueal, se afecta tanto la rama espiratoria como la inspiratoria de la curva flujo-volumen. Sin embargo, cuando la obstrucción es variable dependerá de la localización de la lesión, si ésta es extratorácica, como es el caso de la parálisis de una cuerda vocal, se afectará la rama inspiratoria, y si es intratorácica, como la traqueomalacia, lo hará la rama espiratoria.