Los orígenes romanos del estigma de la alopecia


La palabra “alopecia” desciende del término griego “Alopex” que significa “zorro”, debido a que este animal cambia de pelo dos veces al año. Para muchos, ser calvo es algo negativo y es probable que las causas se remonten varios siglos atrás. En la Edad Antigua para los romanos era una gran preocupación la pérdida de cabello, ya que la relacionaban con la pérdida de virilidad y de poder. Específicamente, en Roma la cabellera se asociaba directamente a la masculinidad, la fertilidad y la valentía, virtudes que estaban representadas por el león, con su abundante melena. Eran, asimismo, virtudes relacionadas al vigor, la juventud, el poder y la belleza. De hecho, Ovidio afirmó que “feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”.

Incluso el famoso Julio César le pidió al Senado que lo dejaran llevar la corona de laurel de forma permanente y no sólo para los juegos olímpicos, ya que deseaba ocultar su calvicie. “Dedicaba largas horas de tocador a arreglar sus escasos cabellos y a disimular sus entradas. No se dignaba a ser calvo, ya que más de una vez había comprobado que esta desgracia provocaba la irrisión de sus detractores”, comenta Xavier Sierra Valentí, dermatólogo español, en el artículo “La alopecia en la antigua Roma” publicado en la revista española “Piel”.

El dermatólogo Sierra, después de hacer un repaso por la política de la antigua Roma, observó que al igual que Julio César, Tiberio también tenía una gran alopecia, en forma de entradas en la zona frontoparietal. Lo que hacía para enmascararlo era aprovechar que tenía el pelo largo por detrás para “peinárselo hacia delante, en forma de flequillo”. Esta táctica también la utilizaba el emperador Domiciano quien se peinaba hacia delante para disimular su calvicie. Además, “sabemos que Domiciano usaba pelucas”, recalca el dermatólogo y agrega que “las pelucas, especialmente las rubias, estaban confeccionadas con pelo de esclava y prisioneras galas”.

La alopecia en la actualidad

Es claro que la caída del pelo ha sido una preocupación común a todas las civilizaciones del mundo antiguo y que persiste también hoy en día. Actualmente es una de las causas de consulta más frecuentes para los dermatólogos, siendo los hombres los más afectados. Según las cifras, el 90% de los hombres mayores a 21 años presenta alguna recesión en la zona frontotemporal (entradas) y el 50% de los hombres mayores a 40 años tiene la zona de la coronilla despoblada. En otras palabras, 5 de cada 10 hombres mayores a 40 años sufren alopecia en ambos sectores del cuero cabelludo y 9 de cada 10 mayores a 21 años padecen alopecia solamente en la zona de las entradas.

La más frecuente de las alopecias es la androgenética o caída común del cabello. Las responsables de esta caída son la enzima 5-alfa-reductasa y la hormona testosterona. La enzima convierte la testosterona en dihidrotestosterona (DHT) quien finalmente se encarga de reducir los folículos, haciendo que las membranas del cuero cabelludo se tornen rígidas. De esta forma, la estructura folicular recibe menos irrigación sanguínea y los cabellos nuevos son más débiles y finos de lo normal. Al final del proceso, los folículos se atrofian y el cabello que se cae no es reemplazado por cabello nuevo.

Sea cual sea el tipo y grado de alopecia que se tenga, es un hecho que desde nuestros orígenes que la caída del pelo significa un estigma que muchos intentan ocultar, de las más ingeniosas formas.

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Categoría: Dermatología.




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